Cultura

Mariano Alberti, el hombre que construye escenarios

De Zárate a la Patagonia y de la radio a una sala en pleno centro de Córdoba: el guitarrista detrás de Medio Tono cuenta cómo hizo de la música una forma de vida, y de los escenarios, su obra.

Por Nicolas KaraconstantisPortada
Mariano Alberti tocando la guitarra en vivo
Karina Di Pasquale

«Escuchá este…»

Todo empezó con un gesto. En la casa de Zárate donde Mariano Alberti nació, el 14 de octubre de 1980, su padre aparecía cada tanto con un disco bajo el brazo y una invitación de dos palabras: «Escuchá este…».

Así llegaron los Beatles, Louis Armstrong, Ray Charles, João Gilberto y Vox Dei. Un paisaje sonoro sin fronteras de género que, sin que él lo supiera, ya estaba armando su educación musical.

Era un chico que dibujaba, leía, jugaba al ajedrez y andaba en bicicleta. «Siempre estaba en mi mundo», recuerda. Esa vida interior encontraría después muchas formas de salir: una guitarra, un programa de radio, una escuela, una productora y, finalmente, una sala de conciertos.

Una guitarra sin fronteras

La guitarra llegó a los trece años, de la mano de Sergio Román, líder de La Escaboni Band. Después vinieron conservatorios, la Escuela de Arte de Campana, el IUPA, los consejos de Luis Cide y, sobre todo, muchas horas de estudio por su cuenta.

La versión de «El Arriero» de Divididos fue la semilla que lo llevó a Stevie Ray Vaughan y Jimi Hendrix. Con ellos descubrió que la guitarra podía ser «algo más que un acompañamiento»: sonido, improvisación y búsqueda de una voz propia.

Con los años, el jazz se volvió su manera de pensar la música. No como un género al que todo deba parecerse, sino como una libertad: «Por eso puedo encontrar una relación entre Hendrix y el jazz, entre el tango y la improvisación».

Con los años pasó por Beatles Jazz, Uh Qué Macana, Alberti Jazz Project, Los Caballeros de la Cueva y homenajes a Stevie Ray Vaughan, Jimi Hendrix y Willy Crook.

Patagonia: aprender a vivir de la música

En 1998, con diecisiete años, se fue al sur. Llegó a General Enrique Godoy, en Río Negro, y el Alto Valle se volvió su territorio: Ingeniero Huergo, Cervantes, Mainqué, Villa Regina y, desde 2000, General Roca.

Eran años de bares chicos, ensayos, viajes cortos y largas charlas. Tocó con Donovan, La Federal, La Villa Blues y Marrocanroll. Pero el lugar que más lo marcó fue La Clave, el espacio que Fino Vilanova abrió en Ingeniero Huergo, con sus peñas de los miércoles.

«Me interesaba tanto lo que ocurría arriba del escenario como todo aquello que hacía posible que el escenario existiera», dice. Ahí entendió algo que lo acompañaría siempre: los espacios culturales no son solo edificios o negocios, sino personas, vínculos y ganas compartidas de que las cosas pasen.

Después vinieron Las Grutas, San Martín de los Andes, El Bolsón y hasta una temporada en Valencia, España, en 2004. «La Patagonia me dio algo que difícilmente hubiera podido aprender solamente estudiando música: la experiencia de construir una vida alrededor de ella».

El músico que se volvió productor

En 2012 nació Tarde de Jazz, primero como programa de radio. Pronto apareció otra inquietud: llevar esa música al vivo. Así surgió Tarde de Jazz Producciones, que organizó conciertos en Plaza Café, Drs House en Zárate, La Estación en Campana y Cruzat, y participó del Festival de Jazz de Zárate.

Los números hablan solos: unos 400 conciertos en tres años y cerca de 500 hacia 2016. Detrás había todo lo que el público no ve: contactar músicos, coordinar traslados, resolver el sonido, vender entradas, negociar y sostener cada fecha. «Aprendí que producir cultura también implica tomar decisiones económicas», resume.

En paralelo creó Limbo, una escuela de música en Zárate junto a Nacho Álvarez, pensada como «un espacio de formación hecho por músicos». Y después La Casa de Asterión, un nombre que homenajea a Borges.

«Ya no me alcanzaba con tocar en lugares que otros habían construido», cuenta. «También quería imaginar, producir y sostener lugares donde pudieran suceder cosas».

Medio Tono: una casa alrededor de la música

Córdoba llegó de a poco. De chico, su abuela lo traía en tren a visitar a un tío abuelo que tenía un hotel en las sierras. En 2016 empezó a viajar por trabajos esporádicos como músico y, cuenta, agarró «mucho cariño por el lugar». A principios de 2018 se mudó del todo, con la idea de fundar La Casa de Asterión en Alta Gracia.

La pandemia lo llevó a Villa San Isidro, un pueblo de unos 800 habitantes en el Valle de Paravachasca. El 1 de enero de 2021 abrió allí una sala, entonces llamada Fantasía, desde donde grababa «Medio Tono Club de Música», un podcast cultural que ya salía en radios de todo el país. Cuando terminaron las restricciones, la reinauguró como Medio Tono, sala de conciertos, el domingo 5 de septiembre de 2021. «Pude comenzar de nuevo desde cero, a pesar de las condiciones desfavorables», recuerda.

Hoy Medio Tono funciona en Rosario de Santa Fe 414, en pleno centro de Córdoba. Por su escenario pasaron figuras como Litto Nebbia, Héctor Starc, Adrián Abonizio y Luis Robinson. Pero a Alberti lo sorprenden tanto los grandes nombres como los «artistas pequeños que dejan con la boca abierta a las personas».

Para explicar qué es el club, elige una escena reciente. Un domingo, un señor llegó a ver a Claudio Gabis, el histórico guitarrista de Manal, con una remera de la banda toda deshilachada. «Uno, para salir a un concierto, se pone su mejor camisa, su mejor remera. Ese día él no buscó la mejor de su placar: buscó esa vieja remera de Manal. Yo creo que eso grafica todo».

Alberti tiene claro qué no es su club: «No lo pienso como un restaurante que tiene música, ni como un bar que ocasionalmente organiza conciertos. Lo pienso como una casa alrededor de la música». Un lugar donde el escenario es el centro y donde las ideas pueden «convertirse en acontecimientos».

Y sobre todo, un lugar para otros: «Quiero que sea un espacio para otros músicos, para los encuentros, para las búsquedas y para todo aquello que necesita un escenario para existir».

Sostener un espacio así no es sencillo. Para Alberti, lo más difícil es que el público se anime a lo desconocido: «Que las personas se arriesguen a ver algo que no conocen, que confíen en el criterio del espacio». La invitación es salir del mainstream y entregarse a la cartelera, no ir solo cuando se conoce el nombre de quien toca.

La apuesta es bajar costos para que sean posibles conciertos que en una sala grande no cerrarían; él mismo opera el sonido. «La idea es poner el lomo para que muchas cosas sean realizables». A veces eso implica traer a un músico enorme sabiendo que se puede perder plata: «No por un criterio monetario, sino ideológico».

Ir contra la marea también tiene su público. «Una señora me dijo que somos el perro verde», cuenta. La cultura, insiste, necesita espacios pequeños e independientes, «donde todavía exista la posibilidad de hacer algo porque uno cree en ello».

Tocar y construir

Hoy Alberti sigue tocando y cantando con Los Cronopios, Sabinero y Beatles Jazz, entre otros proyectos de jazz, blues y canción. También enseña y escribió Modos & Combinaciones, un método con 33 caminos rápidos para improvisar, pensado para músicos de cualquier instrumento. «Estudiar música debería permitirnos tener más libertad para hacer música», dice.

Para él, tocar, enseñar, producir y gestionar son la misma cosa vista desde distintos lados. «Un escenario puede ser un instrumento. Una sala puede convertirse en una casa. Reunir a un grupo de personas alrededor de una canción es, en cierto modo, otra forma de composición».

No dice haber tenido un plan. Más bien siguió intuiciones y armó con lo que tenía a mano. Y todavía mira hacia adelante: «Sigo creyendo que todavía quedan canciones por tocar, lugares por conocer, personas por encontrar y proyectos por inventar».

Quizás de eso se trate. De una vida que nunca terminó de elegir entre tocar la música y construir los lugares donde pudiera sonar. Una vida en medio tono.

Agenda: lo que viene en Medio Tono

Dirección: Rosario de Santa Fe 414, Córdoba. Entradas en Alpogo y en la boletería del club.

Jueves 12 de noviembre: J.C. Smith, músico de blues de Estados Unidos, junto a músicos locales.

Es la marca de la casa: el artista que viene de afuera comparte escenario con músicos de Córdoba, y «siempre se da algún cruce inesperado», dice Alberti.

Galería

  • mariano alberti 2
  • mariano alberti 3
  • mariano alberti 4

Fuentes y créditos

Entrevista de Lago San Roque News con Mariano Alberti.